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OTRA SALIDA DE LA CRISIS ES POSIBLE

Los movimientos de Madrid que compartimos la Carta de principios del Foro Social Mundial queremos reclamar ante la ciudadanía la necesidad de buscar alternativas al modelo económico y social capitalista que está en el origen de la crisis actual. Para nosotros, y para millones de personas que se agrupan en los movimientos antiglobalización, la crisis de estos últimos años es la última expresión de un sistema socialmente injusto y destructor del planeta: “Estamos ante una crisis global provocada por el capitalismo, que no tiene salida dentro de este sistema” (FSM de Belén, Brasil, 2009).

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· Economía sostenible no es lo mismo que desarrollo sostenible
Noticias sobre la crisis - Análisis y alternativas
Jueves 10 de Marzo de 2011 12:20

Jueves, 03/03/11
Lugar de la noticia: Pamplona

EL pasado 15 de febrero el Congreso de los Diputados aprobaba la Ley de Economía Sostenible con el objetivo de, según reza su artículo primero, introducir las reformas estructurales necesarias para crear las condiciones que favorezcan un desarrollo económico sostenible.


Inmediatamente después el artículo segundo se encarga de aclararnos que la economía sostenible es "el patrón de crecimiento que concilia el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva que (…) permita satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades".

No es nuestra intención analizar en detalle un texto que entre articulado y disposiciones adicionales y finales tiene cerca de 200 páginas y abarca un amplio y variado catálogo de asuntos (desde el modelo energético hasta las descargas en Internet o ley Sinde), pero sí incidir en algunas cuestiones que ponen de manifiesto algunas insuficiencias y contradicciones que rebajan de manera sensible los loables objetivos que dice perseguir.

En primer lugar, ya la propia redacción del artículo segundo es una contradicción en sí misma -un oxímoron- al tratar de conciliar el crecimiento económico con la satisfacción de las necesidades presentes y futuras. Parece existir en la ley un empeño, que va más allá de lo meramente semántico, de acomodar el crecimiento económico con la sostenibilidad, cuando cada uno de estos dos conceptos se refiere a sistemas de razonamiento totalmente diferentes. Por el lado del crecimiento económico tenemos los grandes agregados monetarios de la producción, cuya expresión más simbólica es el PIB, mientras que por el lado de la sostenibilidad estaría el medio físico donde tienen lugar las actividades productivas. Y lo que la práctica económica actual nos muestra de forma mayoritaria es cada vez un mayor alejamiento de la preocupación por integrar las bases físicas de la naturaleza y su limitada capacidad de regeneración en su análisis. Además, no solo podría ser el crecimiento económico uno de los detonantes del actual desarrollo insostenible, sino que la redacción del articulado deja en suspenso la manera en que se podría conciliar una economía productiva y competitiva con la cohesión social y el respeto ambiental. ¿Qué ocurriría en el supuesto, más que probable, de que entraran en colisión estos términos? Tal vez la respuesta a la anterior pregunta la tengamos en la propia ley y en tres de las respuestas que da a situaciones concretas.

En primer lugar, la ley consagra la sostenibilidad presupuestaria de las Administraciones Públicas (arts. 32-34), eufemismo utilizado para bendecir la renuncia al endeudamiento de las mismas, suponiendo de facto una prohibición del déficit presupuestario. Se pone el énfasis en la racionalización y contención del gasto de las Administraciones Públicas (no hay ninguna referencia a mejorar los ingresos fiscales), en un intento de presentar las políticas fiscales de estímulo de la demanda como irracionales. Sin embargo, lo que destacados premios Nobel de Economía como Stiglitz o Krugman nos enseñan es que la mejor solución a los problemas de recesión pasa por la puesta en marcha de un decidido plan de estímulo mediante la activación de un programa de inversiones públicas que compense la atonía del sector privado, aunque para ser verdaderamente efectivo debería limitarse el poder de los especuladores financieros, asunto pendiente de resolver. El aumento del gasto público dinamizaría la actividad empresarial y generaría empleo estable mejorando la cohesión social.

En segundo lugar, y esto es algo que no figuraba en el proyecto de ley inicialmente remitido a las Cortes, sino que se incorporó en las negociaciones de última hora entre algunos grupos parlamentarios, se modifica la Ley del sector de Hidrocarburos mediante la introducción de una disposición transitoria, de forma que las instalaciones o infraestructuras sometidas a concesión, tendrán derecho a prórroga en tanto sigan considerándose de interés público, en clara referencia (aunque sin nombrarlo) a la planta que la firma Petronor tiene en las marismas de Músquiz, cerca de Bilbao.

Por último, en tercer lugar, resulta cuando menos chocante que se utilice el paraguas de la Ley de Economía Sostenible para abrir la vía que permitirá prorrogar la vida de las centrales nucleares, eliminando la mención a los 40 años que figuraba en el proyecto inicialmente remitido a las Cortes. El texto definitivamente aprobado deja en manos del Consejo de Seguridad Nuclear la autorización para alargar la vida de las centrales, cuando todavía no está resuelta, ni siquiera, la ubicación del almacenaje de los residuos radiactivos.

Y una reflexión para terminar. Tal y como se afirma en el preámbulo, la crisis financiera y económica ha interrumpido el largo periodo de crecimiento experimentado por la economía española a lo largo de los últimos años con los conocidos efectos sobre el empleo. El conjunto de medidas y reformas que se proponen tiene como principal y casi único objetivo volver a la senda del crecimiento económico colocando a la empresa y sus agregados monetarios por delante de la persona y el medio ambiente. Queda claro por lo tanto que la elección del término economía (crecimiento) sostenible, en vez de desarrollo sostenible, no ha sido casual, aunque puede llevar a error a aquellos bien pensados que no se lean la ley. Pero poner todo el esfuerzo en la recuperación del PIB supone volver a los tiempos anteriores a la crisis del 29, donde el crecimiento económico era el dogma de los economistas neoclásicos que asociaban crecimiento a progreso y modernización, prestando escasa atención a asuntos como la equidad, la justicia social y la conservación del entorno natural.

Artículo escrito por Pablo Archel Domench y Javier Husillos Carqués, Profesores de la Universidad Pública de Navarra, miembros del Foro de RSE de Navarra
Fuente:
Diario de Noticias

 

 

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